La primavera hizo lo suyo en un club Swinger

En este lado del continente (Chile) está comenzando la primavera, algo que me hizo recordar una experiencia vivida hace un par de años, a veces la tibieza del ambiente hace subir la temperatura tanto de la mente como del cuerpo,  la necesidad de saciar nuestros más morbosos deseos nos lleva a actuar un poco impulsivos, haciéndonos tomar decisiones y caminos no planeados, probar cosas nuevas y hasta a veces aprender qué es lo que no queremos volver a vivir…

Habíamos decidido tomarnos unos días de descanso, pasando la mitad del año el cansancio a veces hace estragos, pero uno propone y el destino decide otra cosa, una ida a la playa a descansar que era lo esperado, se convirtió en un fin de semana un poco más cansador y más sexualmente activo.

Estaba en mi celular cuando de pronto me llega una solicitud de amistad, abrí para ver y era una pareja buscando amistad y un poco de acción,  nos saludamos y le cuento al caballero que me saludaba que no le iría muy bien con nosotros puesto que yo era una cornuda y no hacíamos intercambios.  Me dice que lo que buscaba era una pareja como nosotros porque él era cuckold y buscaba un hombre de confianza e imaginaba que una pareja sería lo más seguro para su esposa, hombre casado, maduro, serios.  Jamás me había puesto a pensar en eso, no me pareció mala idea, además que él era totalmente fiel a su mujer como yo a mi marido, por lo que me aseguraba que jamás me tocaría, algo que me agradó.

Fue tan amena la conversación, que decidimos conocernos esa misma noche en un club swinger y así lo hicimos. Al llegar la veo a ella, muy alta, lindas curvas, pero vestida de una manera poco acorde al lugar, muy tapada.  Su marido un tipo normal, que apenas le lograba llegar a la estatura de ella, mi marido muy alto podía mirarla un poco hacia abajo, algo que noté inmediatamente que a ella le agradó.

Nos sentamos a charlar, bebimos un par de copas de espumante y bailamos, llevábamos un par de horas en eso y ellos desaparecen, seguimos bailando con mi marido y aparece él, se acerca a mi oído y dice; está lista…

¿Lista? ¿Qué será eso? Me pregunté… se dirige a mi marido y le dice; ¿nos acompañan al privado?

Mi marido me mira tratando de comunicarse con la mirada y le hice un gesto, ¿Quieres ir? Le digo y asiente un poco dudoso, mientras caminábamos le digo: tú decides, no estás obligado a nada, y lo sabes.

Subimos por una escalera angosta y llegamos a un lugar pequeño pero acogedor, música ambiente, una pantalla con vídeos insinuantes, un par de sofás formando una L, una mesita con una hielera con champaña y ella sentada coquetamente al medio del sofá, mi marido se sienta al lado de ella y suavemente le comienza a preguntar si estaba cómoda y si quería algo… ella le dice, creo que imaginas lo que quiero y lo mira a los ojos y pone su mano en la pierna de él muy cerca del lugar que llamaba su atención. Mi marido me mira, yo sonrío y le hago el gesto para que él decida y no yo, se da vuelta y la comienza a besar, suave y lento y ella soltó un suave gemido, lo que provocó que mi marido acelerara los besos y los hiciera más profundos y sus manos comenzaron a recorrerla desde sus muslos, sus caderas, cintura y senos… se quedó ahí y vuelve a bajar hasta llegar a su lugar favorito, levantó suavemente el vestido y pudo introducir su mano sin encontrar resistencia alguna, es más, ella accedió abriendo inmediatamente sus piernas, dejando todo el espacio para que esa mano ansiosa la acariciara. De pronto recordé al marido se ella, lo miré y estaba sentado en el sofá que hacía la L, observando atento como yo pero él comenzaba a tocarse.

Sentí ruido en las escaleras y me senté en el último escalón para evitar que llegaran arriba, era una pareja, se quedaron de pie mirando un rato, mi postura les hizo entender que no iban a poder seguir subiendo pero no les molestó quedarse a observar un rato.  Sus rostros me provocaron risa, pues miraban la escena y no entendían por qué había un hombre y una mujer mirando sin interactuar, mientras otra pareja estaba comenzando a tener sexo y que ni siquiera se preocupaban de nosotros… ¡no les iba a explicar! Mi atención estaba en puesta en la escena de mi más grande morbo.

Mi pareja favorita se pone de pie y mi marido comienza a desvestirla, aparece frente a mi lo que esa ropa inadecuada había estado ocultando,  unas curvas perfectas, una ropa interior muy muy pequeña que dejaban a la vista las redondeces de sus nalgas, un cuerpo que a pesar de sus 40 años, mostraba que no había sido agredido por la maternidad, un abdomen plano y sin marcas, unos senos que aún estaban en su lugar dándole una total perfección a la imagen.  Al quedar desnuda, sienta nuevamente a mi marido, ella se arrodilla y se pone a saborear y besar lo que hacía rato sólo había podido acariciar con sus manos, se notó en su suspiro que era lo que esperaba y su agitación al bajar y subir con su cabeza dejó claro que no tenía prontas intenciones de soltarlo.

Largos minutos ahí, dejando a la vista que su capacidad era excelente, gemidos de ambos y el marido de ella que ya tenía a la vista su miembro y lo acariciaba totalmente extasiado con la vista de ambos amantes disfrutando.

Mi hombre la levanta y la recuesta sobre el sofá, ella entiende lo que viene y su marido también,  se acerca y pone la cabeza de ella en sus piernas para que además de sentir también pueda observar, mi marido se lanza a la tarea de besar su sexo, él ardía, ella también, se podía ver que su labor estaba funcionando, cuando de pronto ella comienza a gemir más fuerte y con su voz entrecortada le decía que así le gustaba, que así lo quería, que… no pudo seguir hablando, el placer acalló sus palabras y sólo podía gemir casi gritando, luego otro y después otro… se da vuelta y se pone en 4 ofreciéndole totalmente su cuerpo para ser penetrado, mi marido toma el condón se acerca a mi y me lo pasa, lo abrí, lo saqué y me dice: con tu boca. Lo puse en mis labios y comencé a ponerlo con mi boca, cuando terminé acaricia mi cabeza como diciendo buena niña y se devuelve al lugar que en ese momento le interesaba más.

A veces me sorprende la capacidad de aguante que puede tener un hombre en estas circunstancias, largos minutos de embestidas lograron en ella hacerla gozar 3 veces más mientras él se mantenía entero y muy concentrado en su labor.  De pronto ella se sale, le saca el preservativo y comienza nuevamente a besarlo e introducirlo en su boca, esta vez con la clara intención de hacerlo gozar a él, lo logró. Pude escuchar los gemidos de ambos mientras iba bañando su rostro y su pecho con el resultado de su placer, la vi saborearse feliz mientras mi marido se hacía un poco hacia atrás para poder sentarse en el sofá y recuperar el aliento cuando de pronto veo al marido de ella, concentrado en limpiar con su propia boca y su propia lengua el baño que le había dado mi marido a su mujer… hasta ese momento, no había visto a un cuckold gozando de sus propios morbos al haber visto a su hotwife gozando con otro hombre.

No era algo que yo esperaba ver, aunque obviamente tampoco me molestaba, pero tampoco estaba en mis planes de mi propio fetiche de cornuda.

Fue algo nuevo, diferente, cada uno gozando de su propio morbo, hicimos un brindis los 4 y nos alistamos para salir del club.

Al despedirnos al final de la noche, el cuckold me dice, los esperamos mañana en nuestro departamento, a mi mujer le gustó tu marido…

 

Ahora lo saben, soy felizmente Cuckquean.

 

 

twitterbird_rgb@cuckqueanchilena

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3 comentarios

  1. MARAVILLOSO relato, ya extrañaba leerte, tienes el don de hacer que la mente vuele e imagine cada una de tus letras.
    Eres increíble, increíble fantasía, increíble lo que sucedió en aquel club.

    Me gusta

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