De otra en la intimidad, pero siempre deberá volver a mi

Acababa de estar con ella, habían sido horas de escucharlos disfrutar el uno al otro. Yo había decidido irme de ahí, podía saber exactamente qué sucedió en nuestra cama.

En un momento de silencio no supe cómo me dormí, no supe cuánto tiempo había transcurrido y me despertó un tibio beso en mis labios, era él, tranquilo y sonriente.

Entró a la que esa noche era mi cama, sin dejar de mirarme a los ojos, en silencio. Sus manos comenzaron a acariciar mi cuerpo, lentamente disfrutó cada rincón de mi cuerpo, unos escalofríos me recorrían y sentí la imperiosa necesidad de besarle, lo hice con fuerza, con deseo, su sola presencia enciende todos mis sentidos, quise hablar, preguntar y no me dejo. Sentía tu cuerpo pegado al mío, frente a frente, su corazón latía fuerte y el mío se unía a su ritmo.

Mientras me acariciaba, acerqué mi rostro a su cuello, sentí el perfume de ella en su piel mezclado con el suyo, pensé que así mismo iba a oler mi almohada, donde ella estuvo, donde la hizo suya… imaginé en ese momento cómo habría sido, ambos besándose y moviéndose a un ritmo diferente al que lo hace conmigo, imaginé su excitación al haber entrado en un cuerpo nuevo, una piel distinta y un perfume diferente, ese que ahora estaba en su piel. Pensar en eso me encendía más, la perversión de ser “corneada» en mi propia casa, en mi propia cama, hacía que mi necesidad de él fuera más fuerte.

Necesitaba ese sexo salvaje que tenemos cuando fantaseamos, necesitaba a ese hombre animal que aparece cuando el morbo nos invade, pero por el contrario, el que estaba junto a mi en ese momento, era solamente el que conocí hace más de 30 años, ese dulce y tierno niño que se creía grande cuando escondido me llevaba a su cama para hacerme suya aunque fuera por unos minutos.

Sus ojos no dejaban de mirarme, sentía su excitación al tocarme, pero todo era suave, lento…lentamente comencé a besar todo su cuerpo, desde su cuello, su pecho, su torso, sus piernas y sus pies…

Si, a tus pies, besándolos con amor, como agradeciendo lo que acababas de hacer con ella, volví a subir lentamente por tus piernas hasta llegar al centro de ti, a ese lugar que me enloquece, ese que hacía poco rato había estado en ella, lo besé en cada centímetro uniendo mis labios y me lengua, lo deseaba, necesitaba besar y saborear… oler. Mientras lo hacía, imaginaba cuántas veces habría logrado darle placer a ella, con esa misma tensión que tenía en ese momento, lo imaginé entrando y saliendo de su cuerpo una y otra vez llenándola completamente de él, sintiendo la humedad y el calor de su deseo, haciéndolo a él mismo llegar al éxtasis… ¿una?, ¿dos?, ¿tres veces?

Pero ahí estaba ahora conmigo, íntegro, excitado como si nada hubiese sucedido hacía unos minutos atrás…

Me ayudó a subir, quería besarme otra vez.

Me besó los labios con amor, con deseo, con pasión y entrega total. Sus labios sabían a otra, era un sabor diferente, su cuerpo olía a ella pero no me molestaba, eso sólo hacía que mi deseo fuera cada vez más en aumento.

Comenzó a besar cada rincón de mi cuerpo, sus manos no cesaban de tocarme, había necesidad, la sentía. No quise preguntar, sólo me entregué a ese cálido momento, me estaba haciendo el amor…

Algo que no era normal entre nosotros, el sexo “vainilla” era muy poco para nosotros, pero esa noche, extrañamente esa noche, lo estábamos haciendo y me gustaba.

No recordaba cuándo había sido la última vez que me había hecho el amor, pero lo sentía único, especial.

Llegamos juntos al placer, fundidos en un beso eterno, agitados, felices, enamorados…

Se recostó a mi lado sin dejar de abrazarme y ahí pude preguntar, ¿por qué?

Esa noche recordé nuestra “regla de oro»: durante los años que fuimos swinger antes de ser exclusivamente una “cuckquean»;, y era que nunca íbamos a dejar de tener sexo los dos después de haber estado en algún encuentro con parejas, siempre debíamos volver a nosotros, terminar una rica experiencia sexual juntos, solos, en nuestra cama, eso fue lo que por años nos mantuvo firmes y disfrutando todas nuestras aventuras. Me propuse seguir haciéndolo, siempre volverá a mi después de haber estado con otra, no por posesión o por celos, sino porque él lo necesitaba, porque por sobre cualquier fantasía sexual, por loca y extraña que parezca, hay amor, un amor sublime, inmenso, generoso. Hay complicidad, es nuestro juego, nuestra fantasía. Y jamás olvidar que entre ambos el sexo comenzó por amor y hasta nuestro último día será así.

 

Ahora lo saben, soy felizmente Cuckquean.

 

 

twitterbird_rgb@cuckqueanchilena

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2 comentarios

  1. Todos los aromas , sabores y sensaciones después de haber estado con otra mujer inminentemente son incomparables y regresas a tu base amorosa y sentimental , tu esposa dueña todo en ti.

    Todos tenemos acuerdos diferentes de cada pareja , pero al final , todos y cada uno de ellos llegan al mismo lugar , tu pareja , única e incomparable jamás la cambiarás por nada de este mundo.

    Nuestra escritora incansable , siempre dando una y otra vez en cada clavo de nuestras centrañas y agitando nuestro ser.

    Aplaudimos y agradecemos estos pequeños momentos del hermoso mundo del cuckquean.

    Saludos cordiales de sus amigos Saúl y Paty.

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