Para eso están las amigas

Decidirse a ser cuckquean (cornuda) no es fácil.  Primero entenderse a sí misma y aceptarse.  Luego, informarle al marido, después que él lo entienda (lo primero en muchos hombres, es pensar que uno quiere lo mismo de vuelta), hablar, explicar la fantasía, acordar límites, establecer códigos de conducta y comunicación, los previos y ya saben, esos gestos y miradas tan necesarios.

Me demoré años en entenderme y un par más en que él los aceptara y se animara a “serme infiel”.

Ustedes saben que aunque el ser humano es infiel por naturaleza, no todos lo practicamos, hasta ese momento mi marido no estaba en el grupo de los infieles.

Durante el boom del “contacto swinger por email” conocí mucha gente, amistades que duran hasta el día de hoy, con muchos de ellos jamás se produjo un encuentro sexual, pero si se lograron lazos de amistad más allá de las redes sociales, entre ellas estaba Adriana.  Por años fue mi amiga A con conocimiento de mi vida B, por lo tanto, mi total y absoluta confidente de mis fantasías.

Muchas veces le hablé de lo que yo deseaba, una mujer que viniera a mi casa y a mi cama, que tuviera sexo con mi marido, dejarlos solos, y también verlos, también escucharlos desde otro lado de la casa, atenderlos y llevarles de beber a la cama (soy sumisa).

Una mañana, hablando las dos, se lo propuse…y ¿adivinan? ¡Aceptó!

Quedamos de hacerlo el mismo día porque sino, ella si lo pensaba más se podía arrepentir, recalcaba que nuestra amistad la frenaba un poco a estar con el marido de la amiga.

Corrí todo el día, arreglé la habitación, fui a comprar condones, quesos, vino y algunas cosas para ambientar. En la tarde, ella llega yo aún sola en casa, a los pocos minutos llega mi marido, él acostumbrado a la presencia de ella en casa ni se sorprendió al verla, hablamos un rato y le digo a mi marido: “Adriana tiene una fiesta hoy y le voy a prestar un vestido y se va a su evento, ¡ah qué bien! contesta, en realidad ni le importó mi explicación.

Subimos ambas a la habitación, se preparó, su puso lencería sexy y se recostó en mi cama, yo intentaba mantener la calma y voy donde mi marido y le digo que si podía opinar sobre el vestido, no les niego, ni siquiera me creyó…

– ¿Opinar yo? ¿Y a mí qué me importa?

– ¡Porfis! ¡Es sólo la opinión masculina!

Desganado se dirige a la habitación

Entramos y aún recuerdo su rostro al verla, recostada en nuestra cama, con ropa muy pequeña y sexy, dejando suavemente a la vista tentadoras partes femeninas.  Me miró buscando una explicación, sonreí.

Ella le dice, ¿te gusta lo que ves? ¿Quieres probar?

Suavemente puse mi mano en su espalda y lo empujo a que avance hacia ella, rodea la cama, llega a su lado y comienza a pasar su mano desde el muslo hacia la cadera, sube lentamente hacia la cintura y luego sube hasta la punta de su seno en donde se detuvo y con sus dedos comenzó a acariciar. Se sentó en la cama y comenzó a usar ambas manos, ella soltó un suave gemido arqueando su cuerpo sobre la cama estiró su mano y poniéndola detrás de su cuello lo acerca a ella y se besan muy suave pero intensamente, mi marido la toma, la pone de pie y la pone de espaldas contra una pared y los besos eran agitados, ambos se tocaban por todo el cuerpo, acariciando tan rápido que se notaba la urgencia de la espera, si, en ese momento noté que este deseo venía de años, esa imagen hizo saltar mi corazón, sentí mis bellos y enormes cuernos.

Parada en la puerta de la habitación, me di cuenta que lo que esperé por años estaba sucediendo frente a mis ojos, que lo disfrutaba pero que también quería saber qué se sentía no ser testigo de ese encuentro y salí suavemente de ahí con destino a la calle.  Subí a mi auto y encendí un cigarrillo, luego otro…a medida que me alejaba trataba de interpretar la ola de sensaciones que me atacaban de lo recién visto y de lo que estaría sucediendo en ese momento entre ambos y que no veía.  No había rabia, ni celos, tampoco excitación, pero algo hacía que mi corazón saltara acelerado y era algo que me gustaba mucho y quería seguir sintiéndolo.

Volví a la casa después de dos horas, entré en silencio no quería que me escucharan…no lo harían ya que lo que dejé hacía un par de horas había subido en intensidad y sus propios sonidos opacaban el sonido de mis pasos, me acerqué lentamente a la puerta, no quería que me vieran, quería saber cómo era mi marido en la intimidad con otra mujer, sin mi presencia, sin mi mirada, sin presión.

Lo conozco de tal manera, que el sólo sonido que generaban sus movimientos ya sabía en qué posición estaban.  Lo escucho susurrar un “que rico”, el silencio de ella me hizo entender, él vuelve a hablar y dice

– “¿Parece que te gusta?”

– Ella responde sólo con un “ajá”

– No sea mal educada, no se habla con la boca llena…

– No me hagas preguntas entonces, me obligas a sacarlo de mi boca…

– Sigue, no pares, hasta el fondo…

Mi amiga volvió a su faena, se escuchaba que era con ganas, sus gemidos a pesar de tener su boca totalmente ocupada, eran excitantes. Con esa intensidad supe que eso iba a durar poco. Fue en ese momento que lo escucho decir:

No puedo más, ¡es exquisito!, a lo que ella dice: siempre imaginé este momento, mi boca es para ti…

Después de un par de gemidos fuertes que avisaban el momento, me asomo por el borde y pude ver a mi marido de pie al lado de la cama y ella sentada frente a él  justo en el momento en que llegaba al éxtasis, ella mirándolo hacia arriba a sus ojos, él devolviendo esa mirada incrédula de ver que ella no se movió un solo centímetro mientras él llenaba su garganta, producto de su placer.

Era tal el nivel de excitación que no se detuvieron ahí, ella notó que el haberlo llevado al placer de esa manera, al contrario con calmarlo, le provocó más deseos y por supuesto ella tenía que aprovecharlo.

-Te quiero adentro otra vez…

Ella lo recuesta sobre la cama y lo monta impaciente, dejé de mirar y afiné mi oído, a cada movimiento podía percibir la humedad del deseo de ambos, ella incrédula de lo que estaba viviendo entre gemido y gemido se lo dice:

– Ya van tres veces y tú sigues igual. ¿Por qué no vine antes?

– Ahora que lo sabes, ¿vas a seguir viniendo?

– ¡Si!, mi amiga ahora sí que disfrutará de sus cuernos.

Cuando ella ya iba en su tercer orgasmo, y viendo que eso iba a seguir, decidí servirme una copa de vino.  No quise fumar para no alertarlos de mi presencia, delicioso momento, en mi paladar el potente sabor de un Syrah y en mis oídos la música ambiental, adornada con gemidos de placer y palabras que confesaban antiguos y anhelados deseos entre ambos.  Pensaba que no podía haber nada mejor, de pronto escucho risas y que conversaban, entendí que al fin descansaban y me atreví a entrar.

Los encontré abrazados uno al lado del otro, ella con una pierna sobre él y a ratos besándose.

Les pregunto si estaban bien y se sorprendieron al verme, quisieron saber cuánto tiempo llevaba en la casa, lo suficiente les contesté, ambos rieron.

Mi presencia no aplacó sus ganas, les serví un fresco vino, mientras ellos seguían tocándose.

Mi marido sabe de mi gusto por la sumisión y por la “humillación” de los cuernos.  Me mira con sus ojitos traviesos y me dice, desnúdate.

Obedientemente sigo su orden y me quedo de pie al lado de la cama, sólo con la tanga y los zapatos de tacón que llevaba puestos, al verme noté una leve ternura en sus ojos, su amor y admiración hacia mi, esa mirada que me informa que por sobre todo lo que suceda, soy la mujer que ama y amará siempre.

– ¡Dos hermosas mujeres para mi! Exclamó feliz y que instantáneamente lo puso en alerta y su cuerpo lo dio a entender.

– Arrodíllate, quiero que me veas follar a tu amiga y no pierdas un solo detalle…

No había imaginado que diría eso, creí que me obligaría a participar.

De pronto me vi casi desnuda, de rodillas mirando fijamente lo que hacían, sus risas, sus caricias, sus besos y después a mi marido sobre ella, haciéndola nuevamente temblar de placer, los orgasmos de ella eran uno tras otro, sus palabras entrecortadas describiendo lo que le hacía sentir y que no se detuviera, mi corazón a cada latido daba una vuelta en mi pecho, en un instante él se pone de pie, a mi lado y me dice, quiero que saborees lo que tu amiga me hizo sentir, abre la boca fue lo último que dijo…

Un par de horas después, la acompañó a la puerta de calle y le abre la puerta del auto, los vi besarse, sonreír mientras una vecina fisgona abría su cortina para mirar, mis cuernos ahí si que llegaron al techo.

Después de una experiencia así, sólo pude agradecer el siempre tener una comunicación a prueba de todo con mi amado, entender sus miradas y que ambos sepamos nuestros gustos, con eso, cualquier nueva experiencia jamás se iba a teñir de dudas o de reclamos posteriores, por el contrario, nuestra propia sexualidad crecía y mejoraba con cada prueba que hasta hoy hacemos.

A la mañana siguiente, un WhatsApp proveniente de mi amiga decía:

¿Por qué nunca me hablaste del tamaño y potencia de tu marido?

¡La pasé increíble amiga!, buscabas una amante para él, pues ya la tienes, esto no me le pierdo, ¿el sábado estarán en casa?…

 

 

Ahora lo saben, soy felizmente Cuckquean.

 

 

twitterbird_rgb@cuckqueanchilena

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4 comentarios

  1. Esto es adictivo.

    Cada palabra revive nuestras experiencias y nos vemos reflejados en cada detalle.

    Nuestras felicitaciones a nuestra escritora, nos tiene siempre atentos y nos sorprende cada vez mas.

    Estaremos muy atentos de los demás relatos

    Muchos saludos.

    Saúl y Paty

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  2. Compartir una fantasía tan íntima con el compañero de vida es algo sublime. No es solo compartir responsabilidades, sino también placeres, y aceptarnos así como somos, sin darle tanta vuelta. Me encantó tu relato, y aunque las personas cambien, y las circunstancias e interacción sean diferentes, el lugar de la Cuckqueen permanece siempre.

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  3. Tus palabras tienen magia, tienen poder, tienen el don de hacer que tus lectores se imaginen paso a paso cada detalle que nos entregas.
    Simplemente maravilloso leerte.

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